El día 17 de
febrero se celebra el Día del Juego Responsable y el PSOE-M en Arganzuela
quiere sumarse a esta celebración tan especial.
Las luces,
los colores, los continuos sonidos de recompensa y la posibilidad de premio
inmediato hacen del juego un atractivo altamente deseable y es por eso que se
vuelve tan peligroso como embriagador. La mayoría de nosotras y nosotros
estamos continuamente conectados a internet por medio de nuestros teléfonos
móviles, recibiendo propaganda de casas de apuestas, de videojuegos nuevos o de
adaptaciones de juegos clásicos a versiones digitales; cada vez es más sencillo
el acceso a este tipo de entretenimiento del «ya», del «ahora», queremos
recompensas inmediatas o nos ofuscamos, queremos evasión sin límites para llenar
o tapar nuestros vacíos emocionales o nuestras frustraciones personales y, de
repente… ¡Clin, clin, clin! Monedas cayendo, explosiones de color, sonidos
gratificantes y mensajes positivos. Ya nos tienen en el bote, pero si aún hay
alguien que duda nos invitan a la primera apuesta, «¿qué puede pasar?»,
pensamos. «Me crearé una cuenta que me invitan a 10 euros, qué fácil, me están
regalando el dinero», seguimos. Ya está, nos han atrapado. Unas semanas después
te das cuenta, en el mejor de los casos, de que llevas días sin dormir, descuidando
tus relaciones sociales, comiendo menos, gastando dinero que necesitas y
volviéndote improductivo en los estudios o en el trabajo por una apuesta que te
cambiará la vida, pista: NO.
La falta de
conciencia y de formación en gestión emocional, en especial con respecto al
juego, puede hacernos caer en una de las adiciones más engañosas: la ludopatía.
El juego puede reportar gratificantes sensaciones, pero debe ser un pasatiempo
ocasional, controlado y fuertemente regulado, ya que puede arruinar familias y
frustrar sueños personales. Es nuestro deber como socialistas luchar en las
instituciones por un juego responsable y por la formación temprana de los
riesgos que tienen las diferentes formas del juego. Además, es crucial batallar
contra la proliferación masiva de establecimientos de apuestas en zonas de
clases trabajadoras, cerca de los centros de formación, colegios, parques, etc.
La sobreexposición
a la red también implica un exceso de conexión con el mundo virtual y cada vez
se está observando con mayor frecuencia un fenómeno paradójico, en especial
entre las y los jóvenes: cuánto más nos conectamos, más nos alejamos de
nuestros seres queridos. Aunque no implique apostar dinero, el abuso de los
videojuegos viene influenciado por los mismos principios que las apuestas:
deseo de evasión de los problemas, mensajes positivos, luces, colores, etc.
Jugar a videojuegos puede reportar beneficios como aumentar la capacidad
espacial o el aprendizaje de nuevos idiomas, pero, en exceso, provoca
aislamiento, irritabilidad, dependencia o conductas violentas con la familia.
Debemos ser conscientes de los riesgos, apoyar, comprender y acompañar a las
familias afectadas y construir una agenda de actuación en este ámbito.
Debemos tener
una cosa clara y reflexionar al respecto:
EL JUEGO SIN
DIVERSIÓN NO ES JUEGO, ES UN PROBLEMA.
